Mandar al demonio mis demonios:
es como negar el instinto ‘animal’ y humano.
La distancia solamente confirma una realidad inferior, una cuestión de existencia material.
El asunto de la belleza no se discute, así como la fealdad: son una realidad innegable,
el movimiento es propio de los sonidos, las formas y los colores.
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